Manos en los bolsillos del pantalón, mirada hacia abajo y pasos cansinos. Mientras hablaba con su ayudante Matías Biscay y saludaba a los árbitros y los rivales, Marcelo Gallardo no podía ni siquiera esbozar una sonrisa al retirarse del Estadio Ciudad de Vicente López. El contexto no lo ameritaba. Aunque River le ganó 1-0 a Platense con gol de Matías Suárez y sumó su segundo éxito consecutivo en la Zona A de la Copa de la Liga Profesional, hay triunfos que dejan sinsabores. Y la victoria de su equipo en el regreso del Calamar a su casa en primera división tras casi 22 años es una de esas que no logran ser plenas. Tres puntos y nada más.

Diversos factores generaron esta amarga sensación para un River que ahora deberá enfocar sus energías en la final del jueves en Santiago del Estero de la Supercopa Argentina frente a Racing. Pero hay un foco que lo deja preocupado y apesadumbrado de cara al futuro más próximo: Rafael Borré salió lesionado por un traumatismo en la cresta ilíaca derecha antes de los 10 minutos y Javier Pinola sufrió una impactante caída y se fracturó su antebrazo derecho. “Me quebré”, gritó el defensor, que se retiró llorando desconsoladamente del campo de juego y ahora deberá afrontar una recuperación que podría alcanzar los tres meses.

EL GOL DE SUÁREZ

Pero no todo queda ahí. El cabezazo de Facundo Curuchet que Franco Armani logró sacar con una sensacional atajada a falta de 10 minutos para el cierre del juego fue la postal perfecta del partido de River. A pesar de que logró destrabar rápido el camino a los 9 minutos de juego con una gran jugada individual de Nicolás De La Cruz que definió Suárez para el 1-0, volvió a sufrir su marcada falta de efectividad: contó con sucesivas ocasiones de gol a lo largo de todo el partido, exigió al arquero Jorge De Olivera y no pudo ampliar la diferencia.

Genera mucho, convierte poco. El déficit se repite y los rivales se aprovechan para hacerlo sufrir hasta el último minuto. Aunque el equipo de Marcelo Gallardo parece tener las riendas del juego sin sobresaltos, sus adversarios entienden que, si sostienen su orden sin desesperarse, pueden contar con oportunidades para aprovechar errores, generar distracciones o sacarle jugo a una pelota parada para entrar en partido. Eso hizo Platense. Sin refugiarse en su campo, intentó presionar alto y cortar los circuitos de juego de River. Y estuvo hasta último minuto con posibilidades de rescatar un punto: además del cabezazo, Curuchet desperdició otras dos claras ocasiones de gol en el final que pudieron ser el 1-1

La despedida de Daniel Vega

Con el esquema 3-3-2-2 habitual, una vez más, las mejores alianzas se dieron por la banda izquierda entre Fabrizio Angileri, Jorge Carrascal y Suárez, quien ya lleva 21 goles en 71 juegos con la camiseta millonaria. Aunque fue de mayor a menor y terminó redondeando una liviana actuación con pocas aristas para destacar, el equipo de Marcelo Gallardo tuvo espacios y facilidades para mover la pelota, atacar en velocidad y lastimar con su jerarquía individual y colectiva. Inconexo y poco certero, le faltó mucha precisión y claridad para poder ser más incisivo.

De los seis refuerzos, ya son cinco los que tuvieron acción. En Vicente López, el lateral derecho Alex Vigo fue titular y tuvo 45 minutos con mucho nerviosismo e imprecisión. Al estar amonestado, Gallardo optó por reemplazarlo en el entretiempo, hacer ingresar a Agustín Palavecino y pasar a jugar 4-3-3. El volante ofensivo fue la carta más interesante en una segunda parte sin lucimientos con inteligencia, dinámica y buenas decisiones al pasar la pelota. Luego, también tuvieron sus oportunidades el defensor central David Martínez, el mediocampista José Paradela y el atacante Agustín Fontana, pero ninguno pudo lucirse en un partido sin brillo propio.

La grave lesión de Pinola

La esperada tarde en Vicente López terminó sin festejos. Hubo hinchas en las terrazas de las casas linderas a la cancha. Cánticos, gritos y aplausos que se escucharon a lo lejos antes del comienzo del juego. Fuegos artificiales en las salidas de los equipos. Regalos y reconocimientos entre los dirigentes. Una plaqueta especial para Agustín Palavecino, joya de la casa. Y un emotivo momento: a los nueve minutos, se despidió Daniel Vega, el máximo goleador de la historia de Platense (86 goles en 248 partidos) que fue titular, se dio el lujo de tener un partido en primera división y ahora asumirá como director deportivo. Pero ni Platense ni River, que se habían enfrentado por última vez en primera el 13 de junio de 1999, pudieron llevarse demasiados motivos para celebrar.