ATECH SUROESTE reclama justicia tras cumplirse 14 años sin Carlos Fuentealba. La represión policial ordenada por el entonces gobernador Sobisch en el corte de la ruta 22 en la provincia de Neuquén, en el marco de una protesta y huelga docente, hizo que el maestro Carlos Fuentealba sea alcanzado por una granada de gas lacrimógeno el 4 de abril de 2007. Murió al otro día.

Hoy se cumplen 14 años de una jornada fatídica para los trabajadores docentes en particular, ya que el corte de la ruta 22, en la provincia de Neuquén, realizado en el marco de una huelga del sindicato docente ATEN en 2007, fue reprimido por la policía provincial.

Allí, el docente Carlos Fuentealba fue alcanzado a corta distancia por una granada de gas lacrimógeno. Tenía 41 años y murió al día siguiente en el hospital Castro Rendón. Dictaba clases de Química en varias escuelas pero tenía la mayor carga horaria en el CPEM Nº69 ubicado en los humildes barrios del oeste neuquino, y era delegado.

Carlos Fuentealba

Antes de ser docente forjó sus ideas como trabajador de la UOCRA y como un gran luchador según recuerdan sus compañeros. Cabe recordar que el año escolar 2007 en la provincia de Neuquén comenzó con un paro docente por 72 horas que exigía un salario básico igual a la canasta familiar, eliminación del presentismo, la extinción del trabajo precarizado y defendía los salarios de los jubilados.

 A 14 años de ese terrible hecho los docentes siguen reclamando Justicia Completa y repudiando “la impunidad garantizada por el poder político y la Justicia neuquina al entonces gobernador Sobisch –quien reconoció que dio la orden de reprimir- y a los 15  policías que tuvieron a cargo el operativo”. 

2007: Cronología de dos meses de luchaFuente: El viernes anterior al (no) inicio de clases, la dirigencia sindical se había reunido con representantes gubernamentales que les entregaron una propuesta. El lunes 5 de marzo, cuando debía comenzar el ciclo lectivo, las asambleas de todos los distritos provinciales rechazaron el ofrecimiento. Ese mismo día se conoció la renuncia del ministro de Educación, Mario Morán. 

El paro, convocado en principio hasta el 7, se extendió hasta el lunes 12. La participación en las asambleas y las movilizaciones aumentaron paulatinamente. La adhesión tenía notables disparidades, el importante acatamiento aumentaba durante las jornadas de movilizaciones.

 El 13 de marzo unas 5.000 personas participaron de la segunda marcha provincial. Dos días después se inició una gran caminata docente que unió los 180 kilómetros desde Zapala hasta Neuquén.

 El 16 de marzo los y las docentes impidieron el ingreso de camiones a la refinería de Repsol-YPF en Plaza Huincul recordando el accionar de una patota que un año antes, vestida de obreros de la construcción, había corrido a golpes y piedrazos a militantes de Aten.

 El 19 de marzo la caminata desde Zapala llegó a Neuquén. Unas 12 mil personas acompañaron el ingreso a la capital. El jueves 22, tras 17 días de paro, el Ejecutivo presentó una segunda propuesta. Las asambleas al día siguiente la rechazaron por desformar la estructura salarial, no dar respuesta a jubilados y jubiladas ni tampoco aumento a quienes se desempeñaban en enseñanza media.

 El 27 otra movilización de 5.000 personas se dirigió al puente que une Neuquén y Cipolletti para recordar la brutal represión sufrida por el sindicato en 1997. Durante tres horas mantuvieron bloqueada la circulación. Se realizaron nuevas asambleas el miércoles 28. En la del distrito Capital participaron unas 900 personas que decidieron profundizar la medida y cortar parcialmente los puentes carreteros entre el 29 y el 31 de marzo.

En el resto de la provincia se decidió realizar bloqueos permanentes en las localidades de Zapala, Piedra del Águila y Las Lajas. Era un anticipo del corte que pensaban realizar si no había respuesta gubernamental. El año anterior esa metodología, que había impedido el normal desenvolvimiento del circuito extractivo petrolero, había dado un buen resultado: había obligado al Estado a negociar mientras mantenían la medida de fuerza. El lunes 2 de abril, en la asamblea de la capital sus 900 participantes resolvieron cortar la ruta 22 a la altura del dique compensador de Arroyito, distante unos 50 kilómetros de la capital provincial.

A poco de cumplirse un mes de comenzada la huelga, querían bloquear, durante la Semana Santa, la principal vía de comunicación hacia la región turística de Villa la Angostura, San Martín de los Andes y San Carlos de Bariloche. Las asambleas evaluaron que “Arroyito” era un corte difícil de sostener debido a la lejanía de cualquier población, pero el argumento de que era el único lugar que no podía ser sorteado con una ruta alternativa convenció a la mayoría. Los dirigentes sindicales ya habían lanzado esta posibilidad a los medios varios días antes como medida de presión.

El plenario de secretarios generales ratificó la medida. A la espera de una nueva propuesta gubernamental, y con el objetivo de preparar la acción del miércoles 4, se decidió levantar los cortes el 2 de abril. Únicamente en Zapala se mantuvo la medida. Los funcionarios, que habían reclamado el levantamiento de los cortes, respondieron entonces que no iban a dialogar presionados por la continuidad del paro.

Por su parte, la juez federal Guillermo Labate manifestó públicamente que la policía no necesitaba orden para actuar en caso de cortes y la justicia local estableció la conciliación obligatoria. La represión y el asesinato El miércoles 4 desde muy temprano más de medio millar de docentes de toda la provincia se dirigió al lugar donde se realizaría el bloqueo.

Al llegar, encontraron móviles y efectivos policiales que, cuando comenzaban a preparar el piquete, iniciaron una furiosa represión. La retirada se dirigió hacia Senillosa, unos 15 kilómetros. La cantidad de vehículos dificultó la marcha.

La velocidad era mínima. La policía no dejaba de tirar gases lacrimógenos y balas de goma. Tras varias instancias de represión, el cabo de los grupos especiales Darío Poblete disparó con una escopeta lanzagranadas a pocos metros del auto que transportaba a Carlos Fuentealba e impactó en su cabeza. Fuentealba fue trasladado al hospital Castro Rendón en Neuquén Capital, el de máxima complejidad provincial.

Al otro día, durante la tarde, el parte médico informó su muerte cerebral. Mientras en Arroyito se sucedía la represión, la multisectorial de organizaciones sociales y políticas de Neuquén se comenzó a reunir para repudiar lo sucedido en el centro de la ciudad. Allí esperaron a quienes volvían de Arroyito. Cuando llegaron, pasado el mediodía, todos marcharon hacia la casa de gobierno. Un sector se quedó allí y otro se dirigió hacia el puente que durante una semana permaneció cortado. “Que se vaya Sobisch” Ese miércoles el único funcionario provincial que intentó ofrecer algún tipo de explicaciones acerca de lo ocurrido fue el subsecretario de Seguridad, Raúl Pascuarelli. El jueves 5 se realizó la asamblea de Aten Capital con la participación de 920 docentes que decidieron la continuidad del paro. Ese mismo día, Sobisch ofreció una conferencia de prensa en la gobernación que fue rodeada por un millar de manifestantes. El gobernador pudo salir por medio de un operativo vestido como policía y rodeado de efectivos en una camioneta de la fuerza que sorteó el cerco de manifestantes tras lanzar algunas granadas lacrimógenas. Esa noche los médicos desconectaron a Carlos Fuentealba del equipo que lo mantenía respirando. Una marcha de 5.000 personas acompañó a los familiares del docente. En el silencio de la movilización se escondía la congoja, la bronca y el desconcierto. El lunes siguiente se realizó una movilización de una magnitud excepcional en la provincia que repudió el asesinato. Ese 9 de abril congregó a unas 25.000 personas -según los dos diarios regionales.

En el acto la compañera de Fuentealba, Sandra Rodriguez, dió un fuerte y emotivo discurso. “Al señor gobernador, como le dicen algunos, que dio la orden, quiero decir que fue como jalar el gatillo. Si es responsable, como dijo, y si le duele tanto que mi Carlos, el maestro haya muerto, su deber moral es renunciar”, reclamó. Por su parte, el secretario general del sindicato, Marcelo Guagliardo, llamó a mantener la escuela cerradas. Desde esa fecha, la mayoría de las escuelas de la capital (incluidas varias de gestión privada) permanecieron cerradas. Con el transcurso de los días y tras la primera semana algunas instituciones privadas comenzaron paulatinamente sus actividades pero la mayoría de los establecimientos continuó con la medida. 

La bronca se demostró de distintas formas y durante casi un mes: manifestaciones diarias, varios escraches por día y corte de los puentes Neuquén-Cipolletti y Centenario-Cinco Saltos en simultáneo con un acampe rodeando la Casa de Gobierno.