Los locales tuvieron la iniciativa durante todo el partido y generaron las situaciones más claras. En la última jugada, Ezequiel Unsain salvó al Halcón, que sumó en la Liga tras dos derrotas.

Ricky Centurión y la pelota, una constante en el ataque de Vélez, que no pudo con Defensa.

El sueño de la Libertadores quedó trunco. Entonces, Vélez y Defensa y Justicia están ahogando las penas en el torneo doméstico. Y ninguno de los dos termina de despegar. Quedó claro este miércoles en el atardecer de Liniers. Armaron un partido despojado de emociones que terminó en un cero a cero que castigó mucho más a los jugadores de “V” azulada que a aquellos que visten la camiseta del Halcón.

¿Se puede prescindir de la pelota durante la mayor parte del partido, apretar líneas, minimizar espacios y apostar al error del rival? Claro, si todo método es válido. Aunque posiblemente sea difícil ganar sin patear al arco. Defensa y Justicia jugó todo el tiempo agazapado, con un piso del 25% de posesión. Fue la fórmula que eligió Sebastián Beccacece para el duelo en Liniers. Y se transformó en un equipo incómodo, pero poco ambicioso.

¿Es posible lanzar a los laterales casi como extremos, explotar el desequilibrio de los jugadores más talentosos en 3/4 y mostrarse amenazante con dos “9” sin posición fija? Por supuesto. Y cualquier amante del fútbol podría decir que es un buen plan el que pergeñó Mauricio Pellegrino. Ahora, si todos los centros terminan en un montón de nada, como sucedió en el primer tiempo, será complicado hacer valer el dominio. Y Vélez falló en ese ítem (88% de envíos aéreos mal ejecutados) en el período inicial.

Y eligió el camino de la búsqueda larga y a las alturas porque el rival se aferró al 5-3-2 que pocas veces desplegó a los volantes devenidos a marcadores de punta, Tomás Escalante por la derecha y Carlos Rotondi por la izquierda. Aceleró con el pibe Nazareno Colombo (21 años), el jugador con mayor desenfado, y hubo algunas buenas combinaciones por el otro sector entre Tomás Guidara y Luca Orellano. El volante –tampoco Ricardo Centurión- poco pudo aprovechar la diagonal para su mejor perfil. Remató de media distancia y exigió a Ezequiel Unsain. Sucedió una sola vez, al menos en los cuarenta y cinco minutos iniciales.

Defensa y Justicia no salía, todo era corte (casi sistemático, a veces con falta) y no había emociones. El partido se jugó como quiso el Halcón de Varela, con vuelo bajo, aunque parezca propio de oxímoron.

El segundo tiempo no cambio de sentido. Vélez continuó con la iniciativa y Defensa, de contra, a la búsqueda del incansable y solitario Walter Bou. Santiago Cáseres se hizo dueño del medio. Dos tiros de esquina que cabecearon los centrales sin éxito y dos cruces providenciales de Tomás Cardona fueron posibilidades claras para los locales, que no hallaron respuestas desde el banco. Pellegrino nunca desarmó el doble “9” y todos los cambios resultaron nombre por nombre, incluso el de su hijo Mateo por Tarragona. Y casi le da una alegría a su padre cuando conectó un centro picante de Miguel Brizuela. Tapó Unsain.

Hubiera sido justa la victoria de Vélez, sobre todo por la búsqueda, aun entre sus imprecisiones. Defensa se llevó un punto por su esfuerzo para no perder el orden. Poco le importaron las formas. En definitiva, sumó tras dos derrotas.