Criado entre al campo y la ciudad, el ilustrador y pintor revolucionó la cultura argentina con paisajes gauchescos que fueron inmortalizados en láminas transformadas en almanaques. La historia de un artista que se reveló ante el padre de Mickey por defender a su pampa.

Florencio Molina Campos, pintor.

Florencio de los Ángeles Molina Campos nació en Buenos Aires el 21 de agosto de 1891, fruto de la unión de Florencio Molina Salas y Josefina del Corazón. Su familia poseía varios campos por lo que creció entre la ciudad y el paisaje rural de su estancia “Los Ángeles” en General Madariaga, lo que forjaría su inclinación artística tiempo después.

A los 9 años comenzó a realizar sus primeros dibujos, el capataz de la estancia – tiempo después bautizado Tiléforo Areco – sería su musa y el famoso gaucho que aparecería en la mayoría de sus cuadros. En 1924 comenzó a pintar paisajes camperos y marinos que exhibió en un negocio de lotería y cigarros de la calle Esmeralda en el centro porteño.

Litografía del almanaque de Alpargatas. 

Su primera exposición se llevó a cabo en 1926 en la Sociedad Rural Argentina aprovechando que él en ese entonces era miembro. El stand tenía 24 metros cuadrados y se constituía de tres paredes con 61 pasteles y acuarelas colgadas en hileras de cinco obras. Uno de los presentes de aquella exposición fue el entonces presidente, Marcelo Torcuato de Alvear, quien al ver su obra lo nombró profesor de arte del Colegio Nacional Nicolás Avellaneda.

Su estilo se basaba en dibujos y pinturas que hacían alusión a las tradiciones gauchescas, mucho de lo cual había visto de pequeño. Primaba el toque humorístico y caricaturesco con exageraciones y cromaturas que reflejaba el día a día de la vida en el campo y una realidad social alejada de la ciudad. Sus inclinaciones por las temáticas de la vida rural coincidieron con un momento político y social donde se buscaba reivindicar aquello y exaltar el nacionalismo a medida que los inmigrantes iban poblando Buenos Aires y con ello trayendo sus propias costumbres.

El primer almanaque de Alpargatas. 

La década del 30 fue bisagra para el artista: el 14 de marzo de 1930 la firma Alpargatas lo contrató para pintar 12 obras que representarían cada mes del año 1931. Este trabajo lo realizaría hasta 1936 y lo retomaría entre 1940 y 1945. Estaciones de trenes, pulperías, gauchos y almacenes serían algunas de las figuras elegidas para el anuario que tuvo una reproducción de alrededor de 18 millones de láminas.

Desde 1934 y hasta el 37 relató la historia de Tiléforo Areco quien se convertiría en su personaje más famoso. En distintas obras se lo podía ver en la pulpería, en su rancho, preparando su casamiento y la llegada de su hijo. Tiléforo fue llevado a Radio Splendid con la voz del propio Molina Campos lo que resultó un verdadero éxito.

Florencio y

Florencio y “Elivirita”, su segunda esposa. 

A fines de la década del 30 fue becado por la Comisión Nacional de Cultura y viajó a Estados Unidos. Ese viaje cambiaría su visión artística ya que le sirvió para contrastar el campo con la gran ciudad, de hecho, una de las primeras obras que realizó allí muestra al gaucho Lindor, otro de sus personajes, arriba de un caballo en la Gran Manzana. Al año expuso en la Gallery of the English Book Shop de Nueva York, la exposición fue un éxito y el fundador de la Universidad de Texas pidió que sus obras se expongan de forma permanente.

La fama internacional de Molina Campos por ese entonces era innegable, tal es así que en 1941 el mismísimo Walt Disney viajó a la Argentina para conocerlo a él y a los paisajes en los que se inspiraba. Paradojas del destino, cuando Disney llegó al país el artista se encontraba en Estados Unidos por lo que fue recibido en la estancia Los Estribos de Moreno por la esposa de Molina Campos: María Elvira Ponce Aguirre. La visita tenía un propósito que era el de convencer a Florencio para que sea su asesor en una película sobre la vida y costumbres en América del Sur.

Molina Campos y Walt Disney. 

Tiempo después los artistas lograron verse cara a cara en Río de Janeiro para que Florencio termine aceptando y en 1942 se transformó en el techincal advisor de las películas de “El gaucho reidor” y “Goofy se hace gaucho”. Las diferencias no tardaron en aparecer, Molina Campos se encontró con que el proyecto estaba demasiado avanzado y lo que le vio no le gustó para nada ya que, por ejemplo, el Gaucho Goofy tenía una vestimenta que mezclaba la esencia gauchesca, con toques mexicanos y cowboys del país del norte.

Molina Campos y Walt Disney en los estudios de Burbank, California

Molina Campos y Walt Disney en los estudios de Burbank, California. 

El multiculturalismo forzado de Goofy tenía un trasfondo político y es que en plena segunda guerra mundial, Argentina continuaba en posición de “neutral” y por ello desde los estudios Disney decidieron que lo mejor era que la cultura sudamericana sea vista por los ojos de los estadounidenses. La renuncia de Florencio no tardaría en llegar y el proyecto terminó acortándose con dos películas: Saludos, amigos (1942) y Los Tres Caballeros (1944) y los cortos bautizados como El gauchito volador.

La versión yankee del Gaucho Goofy que llevó a Molina Campos a renunciar al proyecto

La versión yankee del Gaucho Goofy que llevó a Molina Campos a renunciar al proyecto.

El ilustrador continúo trabajando tras la frustrante aventura con Disney. En 1944, firmó un contrato que se extendería por 10 años con la firma norteamericana Mineapolis-Moline para ilustrar entre 1944 y 1958 una serie de almanaques similares a los de Alpargatas, con la inclusión de maquinaria agrícola de esa empresa.

Murió tiempo después, el 16 de noviembre de 1959, a causa de una enfermedad terminal en Buenos Aires. Actualmente sus restos descansan junto a los de su esposa Elvira en el Cementerio de Moreno. Su magnífica obra lo ha hecho eterno en cada generación que observa curiosa aquellas láminas que formaron parte del inolvidable almanaque.