Racing cayó ante Platense y el público mostró su bronca en el Cilindro

127

Se pensaba que el injusto triunfo ante Patronato iba a cambiar el aire en Avellaneda. Sin merecerlo, la semana pasada la Academia se había quedado con los tres puntos en Paraná.

A esa victoria se la fijó como el punto de partida. Pero nada de eso pasó: Platense le ganó 1-0 en el Cilindro y lo peor de todo no fue la caída, sino la pobrísima imagen que volvió a dejar el equipo. Sí, le está costando a Racing dejar atrás la crisis de identidad que atraviesa desde hace tiempo. Y la gente estalló de impotencia.

No es novedad que Racing juega mal. O, cómo mínimo, no juega bien. El que se termina ha sido un año para el olvido para la Academia, desde los resultados y desde lo estético. Asoma diciembre y los tiempos de los balances. Todo arrancó con Juan Antonio Pizzi, el técnico al que quisieron despedir al mes de haber asumido. El santafesino nunca le encontró la vuelta al equipo y el punto máximo del desconsuelo fue el 0-5 ante River por la Supercopa Argentina.

Ahora, el interino Claudio Ubeda tampoco logra dar en la tecla por mucho que cambie de partido a partido, ya sea de jugadores o de esquema. Tiene un plantel flaco el conjunto de Avellaneda y por eso no hay modificación que haga efecto. Ahí conviene poner el foco, en la conformación del equipo. Porque sí: Racing juega mal porque tiene pocos jugadores de jerarquía.

Claudio Úbeda en la derrota de Racing ante Platense. (Fernando De la Orden)

Claudio Úbeda en la derrota de Racing ante Platense. (Fernando De la Orden)

Alguna culpa tendrá el Sifón Ubeda, como también la tuvo Pizzi. Pero el fútbol sigue siendo de los jugadores, especialmente adentro de la cancha. Y si Racing no arrasó a Platense en el Cilindro fue por carencia de los futbolistas. No hace mucho tiempo, el equipo del Chacho Coudet se parecía a una furia y ahogaba a los rivales, de local o visitante. Ese era una plantel con un alto nivel. Este no y desde ese lugar se entiende el pobre rendimiento, se comprende por qué no logró inquietar a Luis Ojeda en los primeros 45 minutos.

Plantó su habitual 4-2-3-1 el Sifón, aunque esta vez incorporó a Matías Rojas para darle más claridad desde el mediocampo. Se mostró participativo el zurdo paraguayo, con ganas de demostrar sus virtudes. Metió un par de pases filtrados interesantes y remató en dos ocasiones desde afuera. Sucedió que nunca encontró un socio y no terminó de hacerse cargo de la conducción. Licha López estuvo menos activo que en otros duelos y siempre quedó lejos de Copetti. El nivel del juvenil Carlos Alcaraz es preocupante y Tomás Chancalay suele ser inconstante.

Platense se paró de contra y tuvo las más peligrosas. Leonardo Sigali se vistió de bombero para apagar algunos incendios: en la más nítida, tapó un disparo de Bertolo que llevaba destino de arco. Fue paciente el Calamar y su primera urgencia fue estar siempre bien parado. Lo logró sin demasiado esfuerzo por la deslucida actuación del local en la etapa inicial.

Los jugadores de Platense celebran el triunfo en Avellaneda. (Fernando De la Orden)

Los jugadores de Platense celebran el triunfo en Avellaneda. (Fernando De la Orden)

Buscó variantes Ubeda y para el segundo tiempo mandó a la cancha a Maximiliano Lovera por Alcaraz. Pero fue más de los mismo. O incluso peor, porque Platense se soltó un poquito más y empezó a regalar la sensación de que podía dar el golpe. Racing siguió sin rumbo, ya con los murmullos en las tribunas.

Iban 22 minutos cuando Hernán Lamberti capturó con una libertad de campito un rebote tras un centro y remató al gol. La pelota se desvío en Copetti y descolocó a Arias. El tanto fue un mazazo, claro.

Racing profundizó su mal juego porque los hinchas ya empezaron a reprobar a algunos futbolistas. Rojas fue el más apuntado, por lo que el paraguayo dejó de pedirla. Licha se vistió de conductor para los minutos finales, pero perdió casi todas las pelotas. El Sifón puso sin éxito a Cvitanich y Correa para los minutos finales.

Y Platense no sacó una ventaja más grande porque no se lo propuso y porque Arias le atajó un pelotón desde 40 metros a Sandoval. Igual, nunca peligró la victoria del visitante desde que abrió el marcador. Pegó y se terminó, porque Racing es un equipo inmerso en una seria crisis.