A 44 años del asesinato de Azucena Villaflor

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La fundadora de Madres de Plaza de Mayo había sido secuestrada el 10 de diciembre de 1977 y, diez días después, el 20 de diciembre, su cuerpo apareció sin vida en las orillas de las playas de la provincia de Buenos Aires.

Azucena Villaflor era una mujer oriunda de Avellaneda, su origen era el de una familia trabajadora y por ello comenzó a trabajar muy joven, primero en una fábrica de vidrio y luego en los talleres de la ciudad del sur bonaerense.

Tuvo cuatro hijos pero fue Néstor el que se involucró en la vida política del país a partir de su ingreso en la carrera de Arquitectura y la militancia en la Juventud Peronista.

Durante la última dictadura cívico militar, el 30 de noviembre de 1976 fue secuestrado por un grupo de tareas junto a su mujer Raquel.

Azucena inició entonces una larga peregrinación por distintas oficinas de gobierno e instituciones, presentación de habeas corpus y otras herramientas para dar con el paradero de su hijo y su nuera.

A partir de la incansable búsqueda y el encuentro con otras mujeres que estaban en esa misma lucha, Villaflor instó a las víctimas a ir a Plaza de Mayo: “Cuando seamos muchas, cosa que va a ser pronto porque es increíble cómo se están llevando a la gente, debemos ganar la calle y meternos en la Casa de Gobierno para imponerle a Videla, qué es lo que pretendemos”.

Así dieron inicio a un largo proceso, que se mantiene hasta hoy, de reunirse allí los jueves, además de mantener encuentros clandestinos para diseñar un plan de acción en la búsqueda de las y los detenidos desaparecidos.

El genocida, entonces teniente de Fragata de la Armada Alfredo Astiz, se infiltró en aquellas reuniones que Madres mantenían junto a parientes, activistas por los derechos humanos y religiosas en la Iglesia de la Santa Cruz, del barrio porteño de San Cristóbal; y tuvo un rol clave en el secuestro y desaparición de 12 de esas personas.

Azucena, una de ellas, fue secuestrada en la esquina de su casa en Villa Domínico, la tiraron al piso, golpearon y la llevaron a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde fue torturada y asesinada días después.

Su cuerpo, junto a otros, apareció el 20 de diciembre de 1977 en las orillas de las playas de las ciudades balnearias de Santa Teresita y Mar del Tuyú, provenientes del mar.

Los forenses determinaron que murió por fracturas óseas por «el choque contra objetos duros desde gran altura», y se dispuso que fueran enterradas como NN (no nombrados) en el cementerio bonaerense de General Lavalle.
A pesar de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que paralizaron las investigaciones, en 2003 se localizaron nuevas tumbas NN y se descubrieron 8 esqueletos.
Con una orden de la Cámara Nacional de Apelaciones, el 16 y 17 de diciembre de 2004 y el 4 de enero de 2005, integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense realizaron la exhumación de los cuerpos.
A partir de los resultados del análisis de laboratorio se trabajó en la hipótesis de que los restos hallados pudieran pertenecer al grupo secuestrado entre el 8 y 10 de diciembre de 1977.
Se solicitaron muestras de sangre a los familiares de los mismos y, el análisis antropológico y genético (ADN) confirmó, el 13 de mayo de 2005, la identidad de Azucena Villaflor de Vincenti, en uno de los restos óseos exhumados.
Aquello se convirtió en evidencia científica completa de los «vuelos de la muerte» como prueba irrefutable para la investigación de los crímenes del terrorismo de Estado en Argentina.
Recordamos esta fecha a partir de testimonios conservados en el Archivo Histórico de Radio Nacional.