Uno de los ocho condenados por el falso atentado de Haymarket de 1886, que dio origen a la conmemoración del Primero de Mayo como Día Internacional de los Trabajadores, era un Pastor Evangélico de la Iglesia Metodista. Se llamaba Samuel Fielden y las palabras que pronunció frente a sus verdugos conservan actualidad: “Llegará un tiempo en que, sobre las ruinas de la corrupción, se levantará la venturosa mañana del mundo emancipado, libre de todas las maldades, de todos los monstruosos anacronismos de nuestra época y de nuestras caducas instituciones”.

El pastor Samuel Fielden, uno de los líderes de la huelga de Chicago en EE.UU. que inició un 1 de mayo de 1889, y que conllevó crueles asesinatos contra los huelguistas por parte de la policía, además de juicios y farzas contra los líderes.

Había nacido en Lancashire, Inglaterra. Su madre Alice falleció cuando Samuel tenía 10 años. Su padre Abraham era un capataz que trabajaba en paupérrimas condiciones en una fábrica de algodón. A raíz de la pobreza de la familia, el mismo Samuel debió llegar a laborar a los ocho años en las fábricas de algodón. Fue impactado por las malas condiciones de trabajo y esa experiencia de explotación marcaría la evolución posterior de su vida. En su país natal comenzó a participar además en la Iglesia Metodista, llegando a ser superintendente de la escuela bíblica dominical.

Todos los detenidos fueron encontrados culpables y condenados a muerte. George Engel, Albert Parsons, Augusto Spies y Adolph Fisher finalmente fueron ejecutados, mediante la horca. Las últimas palabras Spies, mientras le cubrían la cabeza con una capucha, fueron: “Llegará un tiempo en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que ustedes estrangulan hoy”.

Louis Lingg se habría quitado la vida en su celda, en un hecho que nunca fue completamente aclarado. Samuel Fielden, Oscar Neebe y Michael Schwab fueron condenados a la pena de muerte, pero el gobernador Richard J. Oglesby la cambió por prisión perpetua. Pasaron seis años en prisión hasta que fueron indultados. Fielden murió en 1922 y no fue enterrado con sus compañeros de su causa en Chicago, como lo hubiera deseado.