Las escuelas e internados suelen ser el escenario perfecto para historias que desafían la lógica, y la Escuela Agropecuaria N.º 725 de Sarmiento, Chubut, no es la excepción.
Un exalumno de la promoción 2003 compartió un perturbador testimonio sobre los extraños sucesos que alteraban las noches de la institución.Según el relato, la rutina nocturna de los estudiantes pupilos terminaba en el comedor.
Después de cenar, se aseguraban de dejar todas las sillas perfectamente acomodadas antes de retirarse a descansar a sus habitaciones.
Sin embargo, una madrugada, la tranquilidad se rompió por completo. Un fuerte estruendo despertó a todos los residentes.
Al ir a investigar, descubrieron que las sillas se habían desplazado de su lugar, a pesar de que todas las puertas y ventanas del establecimiento permanecían cerradas bajo llave, descartando la entrada de intrusos o la acción del viento.
El misterio no se limitaba a esa noche. El testigo asegura que durante los fines de semana, cuando el movimiento de alumnos disminuía, el silencio del edificio se inundaba de ruidos inexplicables: se escuchaban claramente bancos arrastrándose y puertas moviéndose solas en pasillos vacíos.
La animación realizada por “Rastro perdido” es una recreación basada en este testimonio



