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Investigadores presentarán el hallazgo arqueológico de Colhué Huapi en la Biblioteca Popular

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La charla “Huachen, más que un amigo ” estará a cargo de Eduardo Moreno, Investigador adjunto IDEAUS-CONICET y responsable de la investigación; es de entrada libre y gratuita (cupos limitados) y se llevará a cabo el Martes 9 de julio en la Biblioteca Popular “Mariano Moreno” de nuestra ciudad a las 18:00 hs.

El hallazgo ocurrió al sureste del lago Colhué Huapi, por parte de  investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Se trata de restos de un perro utilizado como animal de carga y es el primer caso arqueológico de este tipo para América del Sur.

Los expertos descubrieron el esqueleto de un cánido macho de entre 2 y 3 años de edad, con evidencia de haber sido utilizado para el transporte de carga por las poblaciones cazadoras-recolectoras que habitaban la región.

El hallazgo se produjo durante una campaña de excavación arqueológica realizada cerca de la localidad de Sarmiento, Chubut.

Los expertos descubrieron el esqueleto de un cánido macho de entre 2 y 3 años de edad, con evidencia de haber sido utilizado para el transporte de carga por las poblaciones cazadoras-recolectoras que habitaban la región.

“Los huesos se encontraban en buen estado de conservación. Tres meses antes habíamos estado en el mismo lugar y estaban tapados. Inmediatamente hicimos el rescate de los restos, en realidad sin mucha idea, porque también podían ser perros modernos.

Pero como la cuestión del perro en la Patagonia es bastante discutida, decidimos hacer una datación que nos permitió saber que este perro había vivido en el siglo XVII”, contó Eduardo Moreno, investigador del Conicet en el Instituto de Diversidad y Evolución Austral (Ideaus, Conicet) y líder del proyecto “Arqueología de cazadores-recolectores en el bajo de Sarmiento”.

Los arqueólogos analizaron diversas osteopatologías presentes en las vértebras torácicas y lumbares y en el sacro del animal, y establecieron que esas modificaciones son el resultado del estrés físico provocado por la carga de peso sobre la columna vertebral del perro.

“Una ventaja es que teníamos una gran cantidad de restos del esqueleto, entonces pudimos hacer un análisis osteológico, osteopatológico y tafonómico en profundidad.

A partir de estos análisis, determinamos que se trataba de un perro macho de 19 kilos aproximadamente, de contextura mediana, que tenía entre 2 y 3 años al momento de su muerte.

Al realizar el análisis osteológico notamos que parte de las vértebras dorsales, todas las lumbares y el sacro tenían modificaciones o deformaciones de la apófisis espinosa y el sacro tenía la cresta deformada”, agregó la investigadora Heidi Hammond.

A la vez, se recuperó material genético del animal que permitirá discutir y conocer acerca de los perros que ingresaron en América del Sur en el pasado y aportar a la historia poblacional genética de Canis familiaris a nivel global.

Tal como advierten los expertos, la posibilidad de hacer estudios genómicos de este cánido permitirá realizar importantes inferencias sobre su origen y relación con otras especies actuales y extintas, así como analizar procesos evolutivos que dieron origen a la diversidad de cánidos domésticos actuales en el continente.

Profundas implicancias

“El hallazgo de este perro tiene profundas implicancias en el entendimiento de los grupos cazadores recolectores que habitaron la Patagonia en el pasado. Estas sociedades tenían una alta movilidad y durante milenios trasladaron todos sus bienes a pie, por lo tanto, este estudio demuestra que los perros ayudaron en el transporte de objetos y bienes a estas poblaciones locales”, explicó Leandro Zilio, investigador del Conicet y autor principal del trabajo.

Una vez identificadas las modificaciones en la columna vertebral del perro, que fue nombrado Huachen, los científicos comenzaron a descartar las posibles causas que podrían haber generado estas deformaciones a través de distintos estudios con imágenes de tomografías computadas y radiografías. Además, analizaron el proceso de formación del sitio junto con geólogos para identificar si esas modificaciones podrían haber ocurrido una vez que el perro estaba muerto o si tuvieron lugar durante la vida del animal.

Luego, concluyeron que el perro vivió junto a un grupo de cazadores-recolectores en la Patagonia central y se utilizó para el transporte de objetos en los viajes o recorridos que realizaban regularmente estas poblaciones.

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