La estación de ferrocarril de Sarmiento no solo funcionó como un nodo crucial en la infraestructura ferroviaria, sino que también se convirtió en un centro vital de actividad social y comunitaria. Su impacto en la vida de los habitantes fue profundo y multifacético, marcando la historia de la región.
La infraestructura del ferrocarril de Sarmiento consistía en una amplia estación de chapa y un galpón de chapa con capacidad para albergar tres locomotoras. Además, contaba con otro galpón de 235 metros cuadrados, un tanque de agua con capacidad para 45 metros cúbicos y un tanque para petróleo que almacenaba 45 toneladas, equivalentes a 41.6 metros cúbicos. Entre sus instalaciones también se incluía un puente giratorio de 22 metros de diámetro, un almacén, 3000 metros cuadrados destinados para bovinos, 714 metros de vías para apartadero y 2373 metros para desvíos, así como viviendas para el personal.
El autovía llevaba 50 personas cómodamente sentadas, con tres por asiento, además del reservado con 12 asientos más. En caso necesario, también transportaba pasajeros parados en la carga. El ferrocarril traía a los clubes de fútbol a jugar desde Comodoro y era el medio de transporte preferido para todas las visitas importantes. Cuando se inauguró la guarnición militar, todas las formalidades se realizaban en la estación, donde se preparaba la formación y la banda de música. Cada llegada o partida de una autoridad militar se convertía en un acontecimiento, requiriendo reservar el coche motor.
El mismo ritual se repetía con las visitas religiosas, como la llegada de un obispo o algún personaje significativo para la comunidad. Al día siguiente de un casamiento, era común que la gente se congregara en la estación para despedir a los novios, que inevitablemente partían desde allí.
Todos los días llegaban la policía para mantener el orden, el camioncito del correo y los productores locales. Viajaban militares, sacerdotes, prostitutas y familias; toda la comunidad pasaba por la estación del ferrocarril, siendo esta su conexión con el mundo.
La estación también fue escenario de eventos sociales significativos. Carolli Williams contó cómo su padre, que tocaba el bandoneón y la guitarra, participó en una fiesta en invierno en la estación. Para la ocasión, se taparon las ventanas con frazadas, ya que se estaba instalando un regimiento. Utilizaron todas las instalaciones del ferrocarril: el hall de entrada se convirtió en la sala de baile, las habitaciones de los maquinistas en espacios para ancianas y madres acompañantes, y la boletería en el bufet donde se despachaban encomiendas. Los músicos se ubicaron en esta última, dando lugar a una fiesta memorable a la que invitaron a todas las chicas del pueblo. Además, un colectivo iba a buscar a la gente al Club Deportivo.
Estas fiestas tuvieron un impacto en la vida de Williams, ya que le costaron el traslado a su padre. La estación de Sarmiento, más allá de su función operativa, se erigió como un verdadero epicentro de la vida social y comunitaria.
Fuente: “Aventuras Sobre Rieles Patagónicos”, de Alejandro Aguado.



