La historia se remonta al 2 de junio de 1884, en el barrio porteño de La Boca, donde un incendio de grandes proporciones puso en riesgo un conventillo levantado con maderas de los astilleros.
No había sirenas ni camiones, sólo vecinos organizados espontáneamente para evitar la catástrofe. Entre ellos, Tomás Liberti, un inmigrante italiano que, junto a su hijo Oreste y varios compañeros, formó una cadena humana para combatir las llamas.
Aquella gesta marcó el nacimiento del primer Cuerpo de Bomberos Voluntarios del país, que hoy cumple 142 años de historia.
Entre los pioneros estaban también Lázaro Paglieti, Andrés Benvenutto, José Ragoza, Ángel Descalzo, Luis Paolinelli, Santiago Ferro, Romeo Scotti y Esteban Denegri. El lema fundacional aún resuena: “Querer es poder”.
Su labor, en muchos casos, no es remunerada. Sin embargo, es clave. En cada rincón del país, desde grandes ciudades hasta parajes rurales, hay una sirena dispuesta a sonar y alguien que deja lo que está haciendo para ayudar.
Cada 2 de junio se celebra con actos, desfiles, palabras de agradecimiento y reconocimientos. Pero sobre todo, se recuerda una verdad sencilla y poderosa: hay personas que eligen poner su cuerpo donde muchos no se animarían a mirar. Y lo hacen por el bien común.



