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GATO Y MANCHA: LOS HIJOS DE YAS AIKE.

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Por Comunidad Sacamata Liempichun

A casi un siglo de la travesía que asombro al mundo, la Comunidad Sacamata Liempichun revela la historia que los libros omitieron: el origen de los caballos más resistentes.

Desde el saber ecuestre ancestral hasta el milagroso hallazgo de la “Marca del corazón” enterrada en Territorio recuperado, este relato en primera persona reivindica el linaje y el conocimiento ancestral que dieron vida a una leyenda.

La historia suele recordar los 21.500 kilómetros recorridos entre Buenos Aires y Nueva York como una de las mayores hazañas de resistencia del siglo XX.

Sin embargo, detrás de la visión del profesor suizo Aime Tschifelly y del firme compromiso de Emilio Solanet por reivindicar la raza criolla, subyace una verdad mucho mas antigua que nace en el corazón de la Patagonia.

“Gato y Mancha” no fueron elegidos al azar; provenían de la cría del Gamakia Teutriff Liempichun en la actual provincia de Chubut, donde el caballo ha sido, para los Pueblos Originarios, mucho más que un medio de transporte.

Para las Comunidades ancestrales, el caballo representa un aliado de autonomía y un hermano de la vida en la inmensidad de la estepa.

Esta travesía, iniciada en 1925, no hizo más que devolver al primer plano global lo que los Pueblos Originarios ya sabíamos: el caballo criollo habita la memoria de la tierra y una capacidad de supervivencia que desafía cualquier frontera geográfica o temporal.(

Detrás del reconocimiento mundial al profesor Tschiffely y a Emilio Solanet, existe una verdad silenciada: el origen patagónico de los caballos más resistentes del siglo XX.Gato y Mancha nacieron bajo el cuidado de las familias de Teutriff Liempichun y Juan Sacamata, donde el vínculo con el animal trasciende lo utilitario para convertirse en una alianza de supervivencia.

La histórica marcha de 1925 no hizo más que validar la sabiduría de nuestros antiguos, demostrando que la fortaleza del caballo criollo es el resultado de una herencia cultural que late en el corazón de nuestra tierra mucho antes de cualquier récord.

El Caballo y el Pueblo Tehuelche : una alianza que transformó la Patagonia

Para nosotros, los Pueblos Aonekenk, Günün a Küna, Chewüacheken y Tewsen, la incorporación del caballo a mediados del siglo XVII marcó una transformación radical.

Este cambio impactó profundamente en nuestra cultura, nuestra economía y nuestra forma de movernos por el territorio.Nuestros antepasados pasaron de ser cazadores-recolectores pedestres a convertirse en expertos jinetes

El caballo nos permitió expandir nuestros dominios y optimizar la caza de especies nativas como el guanaco y el choique, fundamentales para nuestra vida.

Facilitó el traslado de nuestros kau (toldos) y de nuestras familias a través de las inmensas distancias de la Patagonia. Nuestra vida nómade se volvió más dinámica y dejó de estar limitada por la geografíaNuestros aukenk (cazadores), montados en nuestros ga´woi (caballo), perfeccionamos la persecución de naw (guanacos) y oiuuu (choiques) utilizando las boleadoras desde la montura.

Así, la caza fue más eficiente y con menor gasto de energía. En cuanto a la alimentación y economía, el equino se integró a nuestra dieta como fuente de carne y grasa; también se convirtió en nuestro bien de intercambio, nuestra moneda de trueque y un símbolo de gran prestigio social.

Más allá de los económico y social, el caballo entró en nuestra forma de ver y sentir el mundo espiritual. Les dimos nombre, los cuidamos y los enterramos con sus dueños. Así nació el “hombre de a caballo”, una identidad que nos redefine como pueblos de la estepa.El linaje de los Bordes: Sacamata y Liempichun.

Juan “Chaqmatr” Sacamata y Antonio “Teutriff” Liempichun fueron dos importantes Gamakia (cacique) en la Patagonia a finales del S.XIV y principios del S. XX. Ambos, hijos de José Kashjta e Iáuj, se reconocían como Chewüacheken, es decir, tehuelches del borde de la cordillera.

En la memoria de nuestros antiguos, nuestro territorio ancestral se extendía desde Tecka hasta el Cañadón del Río Pinturas.

En Chubut, Sacamata recorría desde la precordillera hasta el Valle de Gaiman, donde realizaba intercambios con las familias galesas. En la cultura ecuestre, cada familia y cada Gamakia tenía su marca de propiedad.

Para nosotros, la marca no era solo un hierro: era nuestra identidad, nuestro linaje y nuestro territorioLa Marca del Corazón: nuestro sello de identidad.

La “Marca del Corazón” perteneció a nuestro ancestro Antonio “Teutriff” Liempichun. Llevar el corazón marcado en la paleta significaba que ese animal era de los Liempichun.

Era una señal de respeto y palabra empeñada, prueba de que la caballada fue criada con nuestro saber.Nuestras caballadas, tanto las del Mash Gamakia (Cacique mayor) Juan “Chagmatr” Sacamata como las del Gamakia Antonio, eran famosas en toda la región por su increíble aguante y su sanidad.

El origen del Caballo Criollo: nuestra huella

Los caballos patagónicos descendían de animales europeos abandonados en el Río de la Plata. Al quedar asilvestrados, se adaptaron al clima duro de nuestra tierra.

Fuimos nosotros, los Pueblos Originarios, quienes los domesticamos y criamos por más de 350 años.

Esa selección, realizada por manos originarias, dio origen a la raza de Caballo Criollo actual: rústico, resistente y manso.

Este caballo no es solo un animal para nosotros; es el resultado de una relación simbiótica de muchas generaciones.

La compra de nuestras caballadas

El profesor y veterinario Emilio Solanet realizó tres viajes a nuestro territorio ancestral en Yas Aike.

Buscaba ejemplares puros para demostrar la resistencia del caballo argentino ante el mundo.

Entre 1911 y 1919, Solanet compró más de 14 caballadas directamente a nuestros abuelos: a Juan Sacamata (marca “S” – “O”), a Antonio Liempichun (marca del corazón) y a su yerno Catran Cabrera (marca “S-S”).

De esa compra nacieron “Gato y Mancha”. Ambos caballos – Gato, bayo gateado y Mancha, overo rosado- provenían de nuestras manadas, criados bajo la mirada de Antonio “Teutriff” Liempichun.

Con esos dos caballos de nuestra cría, Aimé Félix Tschiffely unió Buenos Aires con Nueva York. Recorrieron más de 21.000 km cruzando desiertos y montañas, probando que el caballo moldeado por nuestras manos era el más resistente del planeta.

Hoy sus cuerpos descansan en la estancia “El Cardal” (Ayacucho) y sus cueros embalsamados se conservan en el Museo de Luján, pero su origen permanece aquí, en nuestra tierra.

El Reencuentro: cuando la tierra habla.

Tras el desalojo fraudulento que sufrió Cristina Liempichun, nieta de Teutriff, nuestra marca del corazón se perdió. Durante décadas, solo pudimos conservarla en nuestra memoria familiar como un tesoro invisible.

Nuestro actual Gamakia-longko, Antonio Liempichun, la buscó incansablemente.

No fue hasta el 2018 que la tierra decidió hablar: la encontró enterrada en nuestro territorio de Yas Aike, de donde fuimos despojados hace medio siglo.

Antonio la encontró un 29 de diciembre, en el marco de nuestra Ceremonia Ancestral.

Para nosotros fue una señal clara: la tierra siempre devuelve lo que pertenece al Pueblo.Nuestra verdad: Gato y Mancha son familiaA partir del año 2010, la historia de Gato y Mancha comenzó a cobrar un renovado renombre en Alto Río Senguer y sus alrededores gracias al Festival Regional de Gato y Mancha —hoy con carácter de Festival Nacional—.

Este evento honra a estos inolvidables ejemplares equinos, que representan un motivo de profundo orgullo para todos los senguerinos y los amantes de los caballos.

Hoy, muchos visitantes —historiadores, jinetes y turistas— llegan a la casa de nuestro Gamakia buscando respuestas sobre estos caballos.

Tras conocer la historia que no cuentan los libros, se lamentan por nuestro despojo y resistencia. Don Liempichun cuenta esta historia con orgullo, como se la enseñaron sus antecesores.

Muestra sus libros, fotos y su tesoro más grande: la marca del corazón, testigo del tiempo.Con profunda emoción, recuerda su viaje a la estancia El Cardal cuando era joven; un viaje que emprendió en soledad para visitarlos en el silencio.

Al llegar, pisó la tierra donde ellos descansan y firmó el registro, pero no lo hizo con la actitud de un turista, sino con la reverencia de quien vuelve a encontrarse con los suyos. Porque para él, Gato y Mancha siempre fueron familia.Para nosotros, los Chewüacheken, “Gato y Mancha” no solo un récord.

Son la prueba de que nuestro conocimiento ancestral crió a los caballos que asombraron al mundo.Nuestra Comunidad hoy: un vínculo inquebrantable.

Para la Comunidad Sacamata Liempichun, esta historia no es pasado, es presente. En nuestra cultura, los caballos siguen vivos en nuestras narrativas, en nuestros cantos ceremoniales, en nuestra bandera Mapuche Tehuelche y en el corazón de nuestro reclamo territorial.

Estamos profundamente orgullosos de nuestra identidad. Si bien agradecemos a quienes ayudaron a conservar la raza —como Don Emilio Solanet y Don Aimé Tschiffely—, reivindicamos que sin el saber ancestral de los Sacamata y los Liempichun, esta hazaña jamás habría existido.

En 2025 se cumplieron cien años de aquella travesía. Mientras en diversos puntos del país se realizaban actos protocolares, nuestra Comunidad los homenajeó en el respeto del silencio, a través de los jouien tchonktsh (relatos tehuelches), manteniendo la memoria viva.

Cuando nombramos a Yas Aike, cuando hablamos de nuestros ga’woi o de la Marca del Corazón, no lo hacemos desde los papeles: hablamos desde la sangre y la herencia de los antiguos.

Porque Gato y Mancha son, ante todo, hijos de nuestra tierra ancestral y nuestro orgullo frente al mundo.F: ´An seunkke Sacamata Liempichunt tsh –Yas aike osh pekk.(Desde el linaje Sacamata Liempichun – Yas Aike presente)

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