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“Sarmiento antes de Sarmiento”: El latido milenario del Valle del Colhue Huapi

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“Un recordatorio histórico en el marco del 129° Aniversario de la ciudad. Una propuesta para releer el pasado de la cuenca desde la Preexistencia, el Respeto Intercultural y la Memoria Viva de las Comunidades Mapuche Tehuelche”.

Cada 21 de Junio, los actos oficiales nos invitan a contar el tiempo desde 1.897. Pero la historia de este suelo no comenzó con una pluma sobre un papel.

Estudios de arqueólogos como Carlos Gradin y Eduardo Moreno respaldan una preexistencia innegable: sitios como el Alero de las Manos Pintadas registran ocupaciones de hasta 4.000 años atrás, y el propio Museo Regional “Desiderio Torres” custodia piezas de 10.000 años.

La verdad histórica está escrita en la piedra mucho antes de la colonia.

EL MITO DEL DESIERTO

Este valle jamás estuvo vacío. Exploradores como Musters, Moreno y Pietrobelli dejaron constancia de las tolderías en pleno funcionamiento. Los registros de la primera colonia confirman la convivencia cotidiana entre los colonos recién llegados y familias locales como los Sainajo, Cona Guayil, Calquin y Pereyra. Incluso se asentó el arribo al valle del Gran Cacique Naoell Tjippáj con más de cien personas.

¿Por qué la historia oficial invisibilizó estos linajes, reduciendo todo a la figura aislada de Desiderio Torres y despojando de nombre propio a su compañera, una karken Aoneken e hija del Coorge “Kaiken” Pereyra? ¿Omitirlos fue una estrategia para hacer parecer que el Territorio estaba vacío?

MEMORIA VIVA

Hoy, nombres ancestrales como OTRON resuenan en marcas comerciales, pero es mucho más que eso: OTRON es Memoria Oral y Preexistencia, es el nombre verdadero de estos paraderos milenarios. La Comunidad Mapuche Tehuelche “Otron Lafken” supo recuperar y unir el Aonekko’ a’ien (Tehuelche) y el Mapuzugun, rindiendo honor a la denominación antigua del Lago Otron.

En este sentir se entrelaza la Agrupación “Gueney”.

Con 30 años de trayectoria, su labor ha sido clave en el rescate cultural a través del Nguellipun (Rogativa) año tras año, consolidándose como referentes indiscutidos de las Comunidades Mapuche Tehuelche de la región.

Sarmiento no es arqueología de vitrina. Sostener este fuego costó lágrimas, por eso recordamos con orgullo a los mayores que partieron: la papayem Ignacia Quintulaf, el Longkoyem Carlos Antileo, el Longkoyem Ramón Barrera, su compañera, la papayem Dionisia Maliqueo, el Inalongkoyem Eusebio Curuhuinca y la papayem Casilda Martínez.

Hoy, transitan las calles con dignidad por los descendientes de Maniaqueque o Kankel.

Ellos son los “continuadores” de aquellas antiguas familias que también caminaron la Patagonia; descendientes directos de los grandes coorge, líderes políglotas y diplomáticos de este suelo.

Actualmente somos 13 Comunidades en el Territorio, pero son muchos más los descendientes de Pueblos Originarios que mantenemos viva esta herencia.

HACIA LA IDENTIDAD COMPLETA

No nací en este aike, pero elegí este suelo para formar mi familia.

Soy originaria y respeto profundamente el camino de cada cultura, porque sé que cada una tiene su voz y su propia historia de trabajo en esta tierra.

Por eso, este escrito no es una queja, sino un recordatorio necesario: no pertenecemos al pasado ni a las vitrinas de un museo.

Somos las semillas de los kewkko kuifikecheyem —ancestros—, que estuvieron aquí hace miles de años atrás. Estamos aquí, en el presente, y nuestras historias completan la identidad sarmientina.

La ciudad de Sarmiento se reconoce como Pluricultural en su Carta Orgánica Municipal, declarando la Preexistencia de los Pueblos Originarios en el Artículo 13.

Esta identidad se refleja también en sus emblemas oficiales, el Escudo y la Bandera Municipal, al integrar símbolos tradicionales como el ñimin (grecas tejidas).

Al cumplirse un nuevo aniversario de la fundación, el desafío es animarse a leer los capítulos anteriores al nacimiento oficial de la localidad.

Como solía recordar Aimé Painé: “Saber quién es uno es el principio de ser culto, es el principio de recuperar la identidad”.

Poner en valor la Preexistencia no es dividir, sino integrar; todos somos parte de este suelo.

Hoy Sarmiento es como un árbol con raíces firmes que se encontraron con otras y que dio frutos de distintas semillas. Recordar la historia completa es la única manera de cuidar ese árbol.

¡¡¡KKETO ERR SH M SORR!!! ¡¡¡KÜME PÜWÜL TRIPANTÜ NIEYMI, SARMIENTO!!! ¡¡¡FELIZ ANIVERSARIO, SARMIENTO!!!

Por Cristina Liempichun.

Fotografía gentileza de la Comunidad Lof Otron Lafken.

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